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“La buena dirección domina la complejidad: el liderazgo eficaz produce el cambio útil”.
El liderazgo es diferente de la dirección, pero no por los motivos que la mayor parte de la gente cree. El liderazgo no es místico ni misterioso. No tiene nada que ver con tener “carisma” u otros rasgos singulares de la personalidad. No es la esfera de unos pocos elegidos. Tampoco es el liderazgo necesariamente mejor que la dirección, ni un sustituto de esta.
Por el contrario, el liderazgo y la dirección son dos sistemas de acción peculiares y complementarios. Cada uno tiene su propia función y actividades características. Ambos son necesarios para el éxito en un entorno empresarial cada vez más complejo y fluctuante.
En la actualidad, la mayoría de las empresas norteamericanas están excesivamente dirigidas y poco lideradas. Necesitan desarrollar su capacidad para ejercer el liderazgo. Las empresas que triunfan no esperan a que acudan los líderes. Buscan activamente personas con madera de líder, y proporcionan su experiencia profesional con objeto de desarrollar ese potencial. Es claro que, con una cuidadosa selección, formación y estímulo, docenas de personas pueden desempeñar importantes misiones de liderazgo en una organización empresarial.
Pero mientras aquellas mejoran su capacidad para liderar, las empresas deben recordar que un fuerte liderazgo con una débil dirección no es mejor, y algunas veces es realmente peor que lo contrario. El verdadero reto consiste en combinar un fuerte liderazgo y una fuerte dirección y utilizar uno y otra para que se equilibren entre sí.
Por supuesto, no todo el mundo puede destacar simultáneamente en el liderazgo y en la dirección. Algunas personas están capacitadas para convertirse en excelentes directores, pero no en carismáticos líderes. Otras tienen un gran potencial de liderazgo, pero, por diversos motivos, les resulta difícil convertirse en directores fuertes. Las empresas eficaces valoran ambas clases de personas y se esfuerzan en incorporarlas en sus equipos.
Pero cuando se trata de preparar personas para cargos ejecutivos, tales empresas hacen caso omiso, y con razón, de la reciente literatura en la que dice que las personas no pueden dirigir y además liderar. Tratan de desarrollar líderes – directivos. Una vez que las empresas comprendan la diferencia fundamental entre el liderazgo y la dirección, podrán empezar a preparar a su personal más cualificado para que desarrolle una y otra condición.
La diferencia entre Dirección y Liderazgo
El ejercicio de la Dirección se enmarca en la lucha para afrontar la complejidad. Sus usos y procedimientos son en gran parte una respuesta a uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX: la aparición de las grandes organizaciones. Sin una buena dirección, las empresas complejas tienden a sumergirse en el caos de un modo que amenaza su misma existencia. La buena dirección aporta un grado de orden y coherencia a dimensiones claves tales como la calidad y la rentabilidad de los productos.
A diferencia de la dirección, el liderazgo tiene que hacer frente al cambio. Parte de la razón de que haya resultado tan importante en los últimos años es que el mundo empresarial se ha hecho más competitivo y más fluctuante. El cambio tecnológico más rápido, la mayor competencia internacional, la desregulación de los mercados, el exceso de capacidad de los sectores que hacen uso intensivo del capital, un inestable cartel del petróleo, los especuladores de los bonos basura y los cambios demográficos de la población activa se hallan entre los muchos factores que han contribuido a este cambio. El resultado neto es que ya no es una fórmula para el éxito hacer lo que se hacía ayer o hacerlo un 5% mejor. Cada vez son más necesarios los grandes cambios para sobrevivir y competir eficazmente en este nuevo entorno. Un mayor cambio exige siempre un mayor liderazgo.
El liderazgo complementa la Dirección: no la sustituye.
Considérese una sencilla analogía militar: en tiempo de paz, un ejército puede sobrevivir con una buena administración y dirección analizadas hacia arriba y hacia abajo de la jerarquía y unidas a un buen liderazgo concentrado en la mismísima cumbre. Sin embargo, necesita un liderazgo competente en todos los niveles. Nadie ha resuelto todavía el modo de dirigir a la gente eficazmente en la guerra: han de ser liderados.
Estas funciones diferentes – hacer frente a la complejidad y hacer frente y hacer frente al cambio – conforman las actividades características de la dirección y del liderazgo. Cada sistema de acción implica decidir lo que se necesita hacer, crear redes de interrelación entre las personas y conexiones entre ellas de modo que puedan realizar los planes en el tiempo previsto y además, tratar de asegurar que dichas personas realmente hagan el trabajo. Pero cada sistema lleva a cabo estas tres tareas de modo diferente.
Las empresas resuelven la complejidad en primer lugar planificando y presupuestando: estableciendo objetivos para el futuro (normalmente para el mes y años siguientes), estableciendo fases detalladas para alcanzar dichos objetivos y, después, asignando recursos para llevar a cabo dichos planes. En cambio, liderar una organización hacia el cambio constructivo empieza por establecer una orientación: desarrollar una visión del futuro (a menudo un futuro distante) junto con estrategias para producir los cambios necesarios para lograr esa visión.
La dirección genera la capacidad para lograr su plan creando una organización y dotándola de personal: creando una estructura organizativa y una serie de puestos de trabajo para la realización de las exigencias del plan, cubriendo dichos puestos con individuos cualificados, comunicando el plan a dichas personas, delegando responsabilidad para llevar a cabo el plan e ideando sistemas para supervisar su puesta en práctica. Sin embargo, la actividad equivalente en cuanto a liderazgo, consiste en poner de acuerdo a la gente. Esto significa comunicar la nueva orientación a aquellas personas capaces de fomentar el espíritu de equipo para que los grupos comprendan el enfoque perseguido y se comprometan a su consecución.
Por último, la Dirección asegura la realización del plan controlando y resolviendo problemas: observando los resultados y comparándolos con cierto detalle con el plan, tanto de un modo establecido como mediante informes, reuniones y otros instrumentos; identificando las desviaciones y luego planificando y organizando para resolver los problemas. Pero, para el liderazgo, lograr que una visión se cumpla requiere motivar y estimular: mantener a la gente moviéndose en la línea correcta, superando los importantes obstáculos que se presentan al cambio, recurriendo a las necesidades, valores y emociones humanas básicas, pero que a menudo no son utilizadas.
El examen más atento de cada una de estas actividades ayudará a aclarar las destrezas que necesitan los líderes.
Publicado por John P. Kotter en Harvard Business Review (1991)





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