Desarrollo Histórico de la Organización del Trabajo

No puede expresarse que haya existido de modo sistematizado sobre la base de procedimientos específicos, estudio del trabajo con fines organizativos hasta el desarrollo de la actividad industrial que caracteriza el inicio del capitalismo.

Eso no significa que no hayan existido formas de organizar el trabajo de las personas en las formaciones económico sociales anteriores. Ya en la lejana época de Jenofonte, en sus escritos, se mencionan aspectos de organización del trabajo aunque en términos muy generales. Las propias grandes obras de la antigüedad, muchas conocidas hoy gracias a las páginas escritas de la historia, son reflejo de juiciosas medidas de carácter organizativo. Las pirámides de Egipto, los palacios de Babilonia, y los sistemas de comunicaciones y acueductos de los romanos, para mencionar algunas que así lo confirman, fueron obras que requirieron la ocupación simultánea de millares de hombres.

Sin embargo, no puede afirmarse que haya existido una práctica consciente de estudiar y organizar el trabajo racionalmente en los ejemplos anotados; podría decirse en aras de una pretendida precisión, que fueron especies de intuiciones organizativas derivadas de las intuiciones de sus ventajas. Fue con el inicio del capitalismo y su actividad industrial que surgió el estudio del trabajo con fines organizativos y bases técnicas.

El desarrollo de las fuerzas productivas significado por el desarrollo industrial, demandó la necesidad de organizar grandes grupos humanos de modo que se incrementara la eficacia y eficiencia del trabajo. Se señala al ingeniero mecánico y economista norteamericano Frederick Winslow Taylor (1856-1915) como uno de los principales iniciadores de la organización del trabajo en su manifestación práctica, ubicado a finales del siglo XIX e inicios del XX en los EE.UU. El movimiento que inició en EE.UU. fue conocido como Administración Científica. A Taylor se le reconoce como padre de la Ingeniería Industrial, que como disciplina científica tuvo sus orígenes en ese movimiento.

Taylor fue el introductor práctico del método de investigación analítica en el estudio y racionalización de los procesos de trabajo. Su procedimiento consistía en la descomposición del método de trabajo que se utilizaba en elementos independientes con el fin de eliminar los movimientos innecesarios, sobre la base de la comparación del método del obrero más hábil, definiendo la secuencia más racional de trabajo, expresándola posteriormente en un documento de instrucción detallado que debería seguirse estrictamente por los restantes trabajadores para los que se generalizaba el nuevo método Completaba el éxito de la implantación del “nuevo método” con el incentivo de la motivación de los trabajadores, a partir  de un sistema de salario a destajo, o por piezas, al sobrecumplir la norma que se estipulaba en el método propuesto.

En relación con su método, Taylor señalaba que a cada tiempo registrado por cada elemento realizado por el “mejor obrero”, se le debía añadir un suplemento de tiempo por:

a)    Interrupciones inevitables.

b)    Adaptación al nuevo trabajo.

c)    Descanso y pausas necesarias para recuperarse de la fatiga.

Desarrolló una fórmula que condensa los pasos implicados en su método, incluyendo tres aspectos fundamentales:

1)    Una tarea definida, determinada por el estudio del trabajo, para lograr el mejor orden de sucesión de las operaciones.

2)    Un tiempo definido, establecido mediante cronometraje o sobre la base de tiempos tipos.

3)    Un método definido, establecido mediante experimentos detallados y registrados en una tarjeta de instrucción.

Expuso también este iniciador práctico de la organización del trabajo, que era posible normalizar estas operaciones elementales y utilizarlas en cualquier combinación deseada, reduciendo así los estudios subsiguientes necesarios para abarcar todos los trabajos. Esa indicación fue seguida por estudiosos posteriores como J.H. Quick, J.H. Duncan, H.B. Maynard, R. Presgrave, entre otros, que definieron el estudio de tiempos tipo predeterminados que conformaron sistemas tales como Work-Factor, MTM, BMT, etc.

Por último, sobre este resumen de los aportes efectuados por Taylor a la organización del trabajo, deben señalarse los factores adicionales que planteó para garantizar el éxito de las normas determinadas. Estos fueron tres factores:

1)    Emplear un incentivo adicional sobre el jornal diario existente.

2)    Entregar instrucciones minuciosas a los obreros y entrenar a los mismos. Esas instrucciones escritas constituyen registros permanentes de la práctica mejor.

3)    La dirección debe establecerse y mantener las condiciones en el equipo y en el abastecimiento técnico material para obtener los resultados previamente fijados.

De lo argumentado hasta aquí puede pensarse que Taylor buscaba mejorar la situación de la clase obrera para garantizarle mayor bienestar, o que intentaba satisfacer intereses inmediatos al proponer entrenar a los obreros, mejorar su salario y sus condiciones de trabajo. Realmente sus propósitos respondían a los intereses de la clase opuesta. Apreciemos su fin en sus propias palabras:

“Sería un grave error ver una empresa como una escuela y utilizarla, fundamentalmente para el estudio de muchos. Nadie debe olvidar que cada fábrica existe en un final y ante todo con el fin de extraer ganancias para sus propietarios”

Tampoco intentó ocultar este fin capitalista el destacado ingeniero industrial Harold B. Maynard en una de sus importantes obras, al mencionar una resolución de la American Federation of Labor (Sindicato) que al referirse al “Método Taylor”, lo presentó como “un esquema diabólico para la reducción del ser humano a la condición de mera maquina”.

Vladimir Ilich Lenin valoró el trabajo realizado por Taylor, señalando que era necesaria la utilización de lo mucho que había de científico y progresivo en su sistema, pero relegando su refinada ferocidad burguesa contraria a los intereses de los obreros. En tales términos lo planteó Lenin:

   “La última palabra del capitalismo en este terreno –el sistema Taylor–, al igual que todos los progresos del capitalismo, reúne en sí toda la refinada ferocidad de la explotación burguesa y muchas valiosísimas conquistas científicas concernientes al estudio de los movimientos mecánicos durante el trabajo, la supresión de movimientos superfluos y torpes, la elaboración de los métodos de trabajo más racionales, la implantación de los mejores sistemas de contabilidad y control, etc.”

Es importante señalar que con Taylor laboró un grupo destacado de investigadores que hizo aportes al estudio del trabajo y la producción. Entre los de mayor relieve estuvieron Henry  L. Gantt y Harrington Emerson que integraron la Sociedad Americana de Ingenieros Mecánicos (ASME), cuyo papel resultó relevante en la orientación de las investigaciones sobre el trabajo.

Fueron también pioneros en el campo de la organización del trabajo los Gilbreths: Frank B. Gilbreth y su esposa William M. Gilbreth. Ingeniero el y psicóloga ella, se complementaron en sus investigaciones que cada vez requerían más la atención sobre el factor humano que se hacía más patente con el aumento de la concentración fabril. Aunque la ejecutoria que los destaca es su Estudio de Movimientos, abarcaron un amplio campo de investigación sobre la fatiga, la monotonía, la formación y el adiestramiento de los obreros.

Respecto a las técnicas, desarrollaron los diagramas de proceso, los estudios de movimientos y la aplicación de la fotografía y la cinematografía al estudio de los movimientos en el proceso de trabajo; junto a ello desarrollaron la ciclografía y la cronociclografía. Analizando el proceso de trabajo de un modo más exhaustivo, los Gilbreths desarrollaron 18 elementos de los cuales se integra cualquier proceso de trabajo típico. A esos movimientos elementales los denominaron Therblig  –que es su apellido al revés–. Por este camino llegaron a enunciar los principios básicos de la economía de movimientos y de organización de los puestos de trabajo. Frank B. Gilbreth (1868-1924) y su estrecha colaboradora, aportaron las bases y estructuras generales del estudio de métodos de trabajo actuales.

Otras figuras en esa época, destacadas en el estudio científico del trabajo, fueron Henri Fayol (Francia) y Carol Adametsky (Polonia). Fayol centró sus investigaciones en la organización de la dirección, básicamente en las medidas que debían tomar los directivos para asegurar la productividad del trabajo.

Adametsky hizo aportes en el empleo de técnicas cuya validez se extiende hasta nuestros días, cuál fue el uso de las técnicas de armonogramas, gráficos de coordinación de las interferencias que pueden existir en un proceso de producción.

También las investigaciones de carácter psicofisiológico comienzan a ofrecer por esa época un complemento indispensable al estudio del trabajo. En Alemania se destaca el científico Atsler, quien investigó el gasto de energía del trabajador en dependencia de las condiciones concretas de un puesto de trabajo, proponiendo métodos de racionalización fisiológica del trabajo humano.

 En Rusia I.M. Sechenov (1829-1905), ingeniero y relevante fisiólogo que asentaría las bases para la futura proyección del científico soviético Iván P. Pavlov, investigó el carácter de la fatiga  del hombre en el proceso de trabajo y esclareció su relación con el sistema nervioso del hombre.

El desarrollo industrial con celeridad acarreó nuevos problemas a la organización del trabajo, tales como los de índole psicológica y social que dieron lugar a la intensa interacción de las personas que cada vez en mayores cantidades se agrupaban, como consecuencia de la concentración industrial.

 Una nueva ciencia comienza a surgir en el intento de solucionar esos problemas surgidos por vez primera: la psicología industrial.

Entre los fundadores de la psicología industrial ocupa un lugar destacado Hugo Munsterberg, psicólogo alemán, quien con su obra Businnes of Psychology  (1915) caracterizada por el uso de mediciones psicológicas para la selección del personal, intentó superar las deficiencias que ya confrontaba el sistema “Tayloriano”, sobre todo, debido al desarrollo ideológico que había venido alcanzando la clase obrera en la lucha por la reivindicación de sus legítimos derechos.

Poco más tarde comienzan su incursión en el terreno del estudio del trabajo, la psicología social y la sociología. Se señala a Elton Mayo  como iniciador de esos estudios en 1924, en la planta Hawthorne de la firma norteamericana Western Electric. Iniciándose así la famosa teoría de las “human relations” que llega hasta la actualidad.

A partir de la década de 1920-1930, el estudio científico del trabajo toma reconocimiento  como actividad interdisciplinaria y en su desarrollo demanda la creación de instituciones que abarcan a científicos de diferentes disciplinas y especialidades. Ingenieros, economistas, psicólogos, sociólogos, biólogos, médicos, matemáticos, juristas, entre otros, interactúan en esas instituciones que comienzan a generalizarse por los países industrializados.

En los EE.UU. se destaca aún más la actividad de la ASME y se crea el Instituto Americano de Ingenieros Industriales (AIIE), la Asociación de Especialistas MTM, y otras. Entre sus científicos más destacados cuentan, R.M. Barnes, H. B. Maynard,  M.E. Mundel y G. Nadler.

A Ralph M. Barnes le corresponde el mérito de haber mantenido una prolongada difusión sobre los estudios de organización del trabajo. En distintas ediciones bajo el título Time and Motion Study, durante más de 30 años, divulgó los avances en el terreno del estudio del trabajo. Fue el primero en doctorarse (Ph.D.) en el ámbito de la Ingeniería Industrial.

Similar mérito ha correspondido a Harold B. Maynard, cuya obra Manual de ingeniería y organización industrial trascendió a la organización del trabajo comprendiendo a la Ingeniería industrial.

A partir de la década de 1940, surgen numerosas instituciones dedicadas al estudio del trabajo en diferentes países, fundamentalmente en los industrializados. En Alemania, donde desde el Siglo XIX existía una Sociedad sobre el estudio del trabajo formado por diversos especialistas, se incrementa la actividad y se fundan muchas otras, entre ellas el Instituto de Fisiología “Max Plank”.

En Francia, se crean otras organizaciones tales como el Centro para la Organización Científica del Trabajo (CEGOS), el Buró de Tiempos Elementales (BTE), entre otros. De igual forma, en Inglaterra se fundan el British Productivity Council y el Instituto Británico de Ingeniería de la Producción. En España se crean el Centro de Productividad y el Instituto de Racionalizacion del Trabajo.

Igualmente se crean otras instituciones similares en Suecia, Italia y Bélgica.

También por aquella época en la antigua Unión Soviética se desarrollan instituciones como el Instituto Central de Investigaciones del Trabajo y el Centro Científico Metodológico para la Organización Científica del Trabajo y la Dirección de la Producción. El primero dirigido por A. Gastev, asumió el papel rector en la actividad del estudio del trabajo. Entre los especialistas más destacados junto a Gastev, podemos citar a O. A. Ermansky, B.M.  Ioffe, S. G. Strumilin, B. B. Efimov y F. Kovalov.

Por último en esa década se crea también la famosa institución internacional que extiende su actividad hasta nuestros días, la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), que ha desarrollado una importante labor en la divulgación de concepciones y técnicas sobre la organización del trabajo, en particular mediante el libro que han reeditado con igual título de Introducción al estudio del trabajo, cuya primera edición fue en 1957.

Desde el punto de vista científico técnico, la organización del trabajo cuenta hoy con una riqueza considerable. Desde el diagrama del proceso y los estudios iniciales con cronómetros, hasta los modernos métodos de simulación mediante computadoras electrónicas personales (PC), han  transcurrido algo más de cien años, y los horizontes de la investigación y el desarrollo se ampliarán cada vez más en los años futuros con nuevas técnicas y medios.

Hoy, desde empresas u organizaciones productivas, organizaciones de servicios, de comunicaciones y del conocimiento, se reclama cada vez más el accionar de la organización del trabajo, en búsqueda constante del aumento de la productividad del trabajo y el bienestar de los trabajadores.

Sobre Diego 478 Artículos
Radioaficionado, radioescucha de estaciones de radiodifusión en onda corta, en el XV Mandato Delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular en el Municipio Camagüey, Vice – Presidente del Consejo Popular Vigía – Florat y Presidente de la Comisión Permanente de Transporte y Comunicaciones de esta propia Asamblea Municipal, en el Mandato XVI solo fue delegado, es bloguero de Futuro,mi Cuba, Capital Humano y Cooperativismo en esta plataforma Reflejo.

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