Resulta imprescindible entender fielmente los procesos fundamentales de la dirección estratégica como son: planeación, implantación y control, como el ciclo para gestionar integralmente un proceso de cambio organizacional.
La dirección estratégica y su consustancial planeación estratégica comprende la visión de futuro y la misión como objetivo supremo, junto a los objetivos principales o estratégicos, y las políticas para encauzar su alcance.
En la práctica, el comienzo de la dirección estratégica está en la planeación. Planear o planificar significa “predeterminar el curso a seguir”. Es un modelo anticipado de la realidad futura para lo cual es necesario:
– Pronosticar para el curso actual y futuro.
– Fijar objetivos que se derivan de los propósitos generales de la institución, a fin de determinar los resultados finales.
– Desarrollar estrategias que contribuyan a decidir cómo y cuándo alcanzar las metas fijadas.
– Programar para establecer prioridades, secuencias y sincronizar pasos a seguir.
– Presupuestar, ello tiene que ver con la asignación de los recursos.
– Establecer procedimientos, estandarizando métodos.
– Formular políticas relacionadas con la toma de decisiones permanentes sobre asuntos importantes y recurrentes
Para muchos teóricos sobre el tema, la planeación es fundamental, ya que determina los objetivos como punto focal del proceso y en tal sentido está asociada con las estrategias, que cada vez tiene un mayor papel en la eficiencia y eficacia de las instituciones.






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